Con el pelo blanco alborotado, los ojos muy abiertos y una hiperactividad descontrolada, Christopher Lloyd hizo viajar en el tiempo a varias generaciones de espectadores con su personaje de Doc Brown en Regreso al futuro. Se convirtió así en uno de los personajes más queridos de la historia del cine. Pero detrás del excéntrico científico de la ficción o de sus muchas interpretaciones sobre los escenarios había una vida bastante menos conocida.
Ahora, a los 88 años, el actor ha decidido echar la vista atrás y contar esa parte de su historia en In My Own Time: A Memoir, un libro de más de 250 páginas en el que repasa su trayectoria profesional, pero también los episodios personales de los que apenas ha hablado en público. Entre ellos, el comienzo de su adicción a la cocaína y una noche de 1984 que acabó con él gravemente herido y tendido en el suelo de su cocina.
Christopher Lloyd con su libro de memorias en Nueva York el 26 de octubre del 2026GC Images“Un par de rayas es todo lo que hizo falta”, recuerda al hablar de la primera vez que probó la droga, en Los Ángeles, durante los años setenta. Había salido de un club de comedia cuando se acercó al coche de una mujer a la que acababa de conocer. Consumió cocaína y, según cuenta en sus memorias, la experiencia le atrapó casi de inmediato. “Me encantó, y ahí fue donde comenzó mi abuso de la cocaína”, escribe. No hubo, al menos en aquel primer momento, una reflexión sobre las consecuencias ni una sensación de estar entrando en un terreno peligroso. Simplemente le gustaba. Y pronto dejó de ser algo ocasional.
El consumo de cocaína se sumó al alcohol y la marihuana, y lo que al principio podía parecer una diversión terminó convirtiéndose en una costumbre difícil de controlar. Lloyd reconoce que durante mucho tiempo no se detuvo a pensar qué buscaba en aquellas sustancias ni qué le estaban aportando. Sabía que le gustaban y eso le bastaba.
l consumo de cocaína se sumó al alcohol y la marihuana, y lo que al principio podía parecer una diversión terminó convirtiéndose en una costumbre difícil de controlar
Hay un detalle que el actor se encarga de aclarar en el libro: nunca salió a escena ni se puso delante de una cámara bajo los efectos de las drogas. Su trabajo y sus problemas personales, explica, discurrieron durante años por caminos separados. Desde fuera, su carrera seguía adelante. En su vida privada, las cosas eran bastante más complicadas.
Uno de los episodios más duros ocurrió en mayo de 1984. Lloyd atravesaba entonces una etapa difícil con su pareja. Después de pasar una noche en casa de su sobrino, en Los Ángeles, regresó a su domicilio y descubrió que no podía entrar. Su pareja había cerrado la puerta para impedirle el paso. Él comenzó a golpear las ventanas en un intento de acceder a la vivienda. “Lo siguiente que recuerdo es que estaba tendido en el suelo de mi cocina, desangrándome, mientras los paramédicos me atendían”, relata.
Christopher Lloyd y Michael J. Fox, en 'Regreso al futuro', de Robert ZemeckisUniversal PicturesHabía perdido tanta sangre que necesitó una transfusión de plasma. También tuvo que someterse a una operación en una mano y pasar por varias sesiones de fisioterapia para recuperar la movilidad de los dedos. Durante un tiempo, tuvo que trabajar para recuperar algo tan básico como extender la mano con normalidad.
Ese episodio coincidió con un momento especialmente triste para él. Andy Kaufman, su compañero en la serie Taxi, había muerto la noche anterior, a los 35 años, en el mismo hospital en el que atendieron a Lloyd. Kaufman falleció a causa de un cáncer.
Lloyd también recuerda en sus memorias su difícil infancia. Creció en Waveny, Connecticut, como el menor de siete hermanos. La diferencia de edad con los demás era considerable, hasta el punto de que en ocasiones se sintió casi como hijo único. Se crio con niñeras y en sus recuerdos aparece también Ricky, el pastor alemán de la familia, que llegó a casa cuando él tenía cinco años y se convirtió en uno de sus compañeros más cercanos.
Su casa tampoco era un lugar en el que sentirse a salvo. Lloyd describe a su madre como una mujer creativa que tenía problemas con el alcohol, mientras que su padre era de carácter severo. La relación entre ambos dejó huella en el ambiente familiar y en la manera en que el actor aprendió a observar a quienes tenía alrededor. De niño, dice, fue desarrollando una mirada silenciosa sobre las personas y sus relaciones. Quizá una habilidad que después le serviría en su oficio.
En 1975 llamó la atención con su interpretación de Taber en 'Alguien voló sobre el nido del cuco'; después llegó la serie 'Taxi,'
Su llegada a Nueva York, en los años sesenta, abrió otra etapa. Allí se sumergió en el mundo del teatro, un entorno exigente en el que fue construyendo su carrera como artista. Antes de convertirse en una estrella reconocible para el gran público, Lloyd ya había demostrado su capacidad para encarnar personajes intensos y poco convencionales. En 1975 llamó la atención con su interpretación de Taber en Alguien voló sobre el nido del cuco. Después llegó la serie Taxi, donde dio vida al inolvidable Jim Ignatowski, un personaje entrañable que le valió el reconocimiento de la industria y varios premios Emmy.
Pero el papel que le dio la fama mundial llegó en 1985, cuando se puso por primera vez en la piel del doctor Emmett Brown. La trilogía de Regreso al futuro, junto a Michael J. Fox, convirtió a Doc en uno de esos personajes que parecen sobrevivir a su propia época. Lo curioso es que Lloyd desvela ahora que otros actores, entre ellos John Lithgow y Jeff Goldblum, estuvieron en la lista de candidatos para interpretar al científico.
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La fama, sin embargo, no resolvió los problemas que arrastraba en su vida privada. En 1993, después de trabajar con un psicólogo y empezar a comprender el daño que le estaban causando las sustancias, decidió ingresar en un centro de rehabilitación. Permaneció allí cinco semanas. “Ese fue el comienzo, pero no el final”, admite en sus memorias. Hubo recaídas y el camino hacia la recuperación no fue tan sencillo como quizá habría querido. Años después, un 1 de abril, consiguió mantenerse sobrio. Según cuenta, aquella fue la última vez que tuvo que empezar de nuevo.
Christopher Lloyd y Michael J. FoxrealmikejfoxTambién hay un recuerdo para la familia Addams, de la que formó parte como el tío Fétido en la película de 1991 y a la que regresó décadas después con su participación en la segunda temporada de Miércoles, la serie protagonizada por Jenna Ortega. Una prueba más de que su carrera ha seguido avanzando mucho después de que Doc Brown se convirtiera en un icono.
El actor también aborda su amistad con Michael J. Fox. Según recuerda, probablemente hicieron falta tres películas para conocerse de verdad, pero desde entonces se han convertido en grandes amigos. “Nunca pensé en escribir un libro a lo largo de mi vida, pero llegué a un punto en el que quise hacer un balance de mi trayectoria”, explicó a People antes de la publicación. El resultado, según ha contado, ha sido una experiencia gratificante.
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