La princesa Aiko, de 24 años, única hija de los emperadores de Japón, Naruhito y Masako, difrutará de todos los privilegios que le otorga pertenecer a la familia real nipona, incluso aunque se case con una persona que no es de su estatus. Pero nunca llegará a reina, no podrá suceder a su padre.
Japón ha aprobado una histórica reforma de la Ley de la Casa Imperial, respaldada por la Cámara Baja del Parlamento, que busca garantizar la supervivencia de la dinastía sin modificar el principio fundamental de la sucesión, exclusivamente masculina.
Con la nueva reforma, ni siquiera las princesas que mantengan su estatus tras contraer matrimonio obtendrán derechos sucesorios. Tampoco sus futuros hijos podrán heredar automáticamente la Corona. En cambio, sí podrán hacerlo los descendientes varones de las antiguas ramas imperiales que vuelvan a integrarse en la familia mediante el nuevo sistema previsto por la ley.
En este caso, el sobrino del emperador, Hisahito, de 19 años y el padre de éste, Fumihito, de 60 años, hermano de Naruhito, son las dos opciones más factibles para garantizar un hombre al frente del país del crisantemo.
Aiko ha cursado estudios de Literatura Japonesa en la Universidad Gakushuin, aunque ahora trabaja en la Cruz Roja en labores administrativas. Muchos ciudadanos consideran que representa una nueva generación capaz de modernizar la institución sin romper con la regla. Gustan su naturalidad, espontaneidad y su discreción, pero la tradición es la tradición y su figura femenina no encaja con ella.
Desde hace un tiempo, participa de la agenda de sus padres, a los que acompaña en numerosos actos. Aiko no tiene novio, al menos no comunicado de manera oficial, ni hijos.




